El Festival de Macetas: una linda tradición caleña

Probablemente te encuentres de visita en Cali este 29 de junio y notes que en la ciudad miles de negocios por todos lados, entre establecimientos de calle, tiendas de centros comerciales y vendedores ambulantes desplieguen para tus ojos un festín de colores en forma de caramelos de alfeñique, banderines, ringletes, chupetas, flores de papel y figurines graciosos de animales o personajes de tiras animadas clavados a un palo bellamente forrado de cintas y celofán.
Se trata del Festival de Macetas: una hermosa y muy auténtica costumbre nacida en nuestra capital del Valle del Cauca, que celebra el vínculo entre padrinos y ahijados en el onomástico de los apóstoles Simón Pedro y Pablo de Tarso, día festivo en nuestro país.

Imagen de: Festival de Macetas

La maceta es un obsequio muy propio de nuestra región, pues se conoce por tradición oral que nació a mediados del siglo XX en las calles del barrio El Peñón por invención de la negra Dorotea Sánchez: una joven y pobre mamá que, entristecida ante la vista de una despensa vacía y no tener nada que regalar a sus hijos gemelos en su cumpleaños un 29 de junio, implora a San Pedro y San Pablo (patronos que dan nombre y apadrinan a sus niños) que por favor la ayuden con alguna idea para realizar del único saco de azúcar que le quedaba en la cocina para elaborarles un dulce de regalo.

De este modo, la leyenda urbana cuenta que estos santos se conmovieron al escuchar la plegaria desesperada de esta madre; y algunas interpretaciones dicen que directamente de ellos, o a través de una misteriosa mujer que éstos enviaron (al parecer la Virgen María), Dorotea aprende la receta para elaborar alfeñiques de divertidas formas y el método para armar el más bello presente a sus hijos, repleto de dulces de melaza de caña, lazos, papelillos de colores y molinillos enclavados a una vara de madera de maguey.

Mucho del inicio de esta usanza y el mito en torno a ella se atribuye al hogar de la familia Otero, conformado por la modista Sixta Llanos y José María Otero, quienes desde su casa esquinera en el barrio San Antonio y con el apoyo del cuñado Hernando Mejía, fueron los que popularizaron la costumbre de elaborar y hacer regalar estas macetas a los niños de parte de sus padrinos.

Otras versiones menos románticas, como las de Ricardo Castro Ramos en su libro “La Maceta de Alfeñique”, señalan que es posible que las relaciones de padrinazgo y compadrazgo surgidas entre hacendados y esclavos en la época de los trapiches españoles fueron las que remotamente dieron origen a la tradición, que luego con el comienzo de la tecnificación y masificación de la industria de la caña de azúcar a finales del siglo XIX dieron pie a la práctica de obsequiar confites a los ahijados.

Imagen de: Revista Occidental

Independientemente de ello, hoy por hoy las doñas Celmira y Mariela, hijas de los señores Otero, son las custodias de esta herencia que fue declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de Colombia; y que gracias a diversos organismos como el Ministerio de Cultura, Corfecali, la Cámara de Comercio de Cali y el patrocinio de muchas empresas e instituciones se ha transmitido a cientos de mujeres artesanas y trabajadores que han hecho del oficio de producir y armar macetas no sólo un medio muy importante de existencia sino además un discurso de orgullo regional y de acervo que defender en la ciudad y sus afueras.

Si vienes a nuestra bella Cali por esta fecha, visita el portal de Festival de Macetas para mayor información de las actividades programadas en torno a esta celebración, y si te alojas con nosotros en Hoteles Spiwak o cualquier otro hotel de Cali, no dejes de preguntar en los puntos de información de lugares como el Centro Comercial Chipichape por aquellos establecimientos que dispongan de macetas para llevar a tu ahijado o hijo como un bonito recuerdo de nuestra ciudad.

The Candy Pole Festival: a nice tradition from Cali

In case you’d be visiting Cali this June 29th, you will notice thousands of businesses everywhere displaying a feast of colors in the form of toffee-like candies, pennants, pinwheels, lollipops, paper flowers, and funny animal figurines or cartoon characters nailed to a thick wood stick, beautifully wrapped with ribbons and cellophane.
This colorful pole, called “Maceta”, will be in every corner of the city, and street establishments, road vendors and even stores in big shopping centers will be selling them, and you may wonder why.

Picture of: Festival de Macetas

It’s the Candy Pole Festival: a beautiful and authentic custom born here in the capital of Valle del Cauca, celebrating the bond between godparents and godchildren on the feast day of the apostles Simon Peter and Paul of Tarsus, a holiday in our country.

The maceta is a very typical gift from our region, and oral tradition places its origin to the middle of the 20th century, back in the alleys of El Peñón neighborhood, by Dorotea Sánchez: a young and poor black woman who, saddened by the fact of an empty pantry and having nothing to give her twin sons on their birthday on June 29th, implores to Saint Peter and Saint Paul (patron saints from which her children were named after) to please help her with some idea for a gift.

In this way, the urban legend states that these saints were moved to hear the desperate prayer of this mother; and some interpretations say that directly from them, or through a mysterious woman they sent (the Virgin Mary apparently), Dorotea learns the recipe to make caramel bars out of water and the only sugar bag left in her kitchen. Also the method to shape these candies and put together the most beautiful present for her children, full of of cane molasses sweets, bows, confetti and paper whirls nailed to a maguey timber cane.

Much of the beginning of this custom and the myth surrounding it is attributed to the home of the Otero family, made up by dressmaker Sixta Llanos and José María Otero who lived in a corner house in the San Antonio neighborhood. With support from their brother-in-law Hernando Mejía, they were the ones who popularized the tradition of making godparents give these poles to kids.

Picture of: Universidad Autónoma

Picture of: Revista Occidental

Other less romantic versions, such as those of Ricardo Castro Ramos in his book “La Maceta de Alfeñique”, point out that it is possible that the relationships of patronage and godparenting that arose between landowners and slaves at the time of the Spanish sugar mills were the ones that remotely gave rise to this belief, which later, with the beginning of modernization in the sugar cane industry at the end of the 19th century, started the practice of giving candies to godchildren.

Regardless of this, today Doñas Celmira and Mariela, daughters of the Oteros, are the custodians of this lore that was declared Cultural and Intangible Heritage of Colombia; and that thanks to various organizations such as the Ministry of Culture, Corfecali, the Cali Chamber of Commerce and the sponsorship of many companies and institutions, it has been transmitted to hundreds of women artisans and workers who have made producing and assembling poles not only a very important means of existence but also a speech of regional pride and habit to defend in the city and its outskirts.

If you come to our beautiful Cali on this date, visit the Candy Pole Fest’s website for more information on the activities scheduled around this celebration. And if you stay with us at Spiwak Hotels or any other hotel in Cali, be sure to ask at information points in places such as the Chipichape Shopping Center for those establishments that have poles to take your godchildren or heir as a nice souvenir from our city.

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